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Hollywood y su lado B de basura

Martes, Agosto 26, 2008

Dos paparazzis franceses llevan veinte años hurgando en los desperdicios de las estrellas; ¿libertad de prensa o violación del derecho a la privacidad?




Algunos de los objetos arrojados a la basura, entre 1990 y 1996, por Madonna, Bruce Willis, Jack Nicholson y Sharon Stone, dispuestos prolijamente por los “trash hunters” Bruno Mouron y Pascal Rostain, fotografiados abajo.

Un día de 1988, un profesor de sociología publicó en el diario francés Le Monde un profundo artículo sobre la basura y su valor de síntoma social. Los desechos, afirmaba el columnista, son elementos que pueden ser muy esclarecedores sobre fenómenos como el consumo y los comportamientos sociales.
¡Bingo!, exclamaron Bruno Mouron y Pascal Rostain al leer el artículo. No, no eran basureros desempleados. Tampoco sociólogos preparando una tesis doctoral. Eran paparazzis profesionales.
Según Wikipedia, “paparazzo (en el plural paparazzi) es una palabra de la lengua italiana que denomina al que tiene una conducta de fisgón, entrometido, sin escrúpulos mientras ejerce su oficio de fotógrafo. El nombre es debido al personaje Paparazzo de la pelicula de Federico Fellini ‘La dolce vita’, y tras la película se denomina así a los fotógrafos de la denominada prensa rosa”.
“Sin escrúpulos” es, evidentemente, la descripción que mejor se aplica a la ocupación que desde ese día adoptaron Mouron y Rostain para sobresalir en ese mundo fronterizo que separa cierta fotografía periodística del arte puro. Porque desde entonces se convirtieron en lo que cualquier angloparlante llamaría trash hunters (cazadores de desperdicios), pero en un circuito más que exclusivo: sólo meten sus narices (y sus cámaras fotográficas) en ciertas bolsas de basura de las ciudades de París y Los Ángeles. Concretamente, en las que reposan en las veredas de las mansiones de personalidades que la prensa rosa suele perseguir y publicar en sus portadas.
Así, en poco tiempo ya habían estudiado, analizado y clasificado los residuos de personajones como Brigitte Bardot, Jean-Marie Le Pen, Yannick Noah, Gérard Depardieu, Marlon Brando, Jack Nicholson, Madonna, Michael Jackson y Ronald Reagan, entre muchos otros.

LA CONSAGRACIÓN
Resulta incómodo y casi contradictorio utilizar un sustantivo tan grandilocuente para referirse a nada más que basura. Pero es que algo así fue lo que alcanzó el trabajo de Mouron y Rostain cuando, en marzo del año pasado, se inauguró la muestra “Trash” en uno de los templos del arte fotográfico más afamados del mundo: la Maison Européenne de la Photographie, en París.
La muestra, que estuvo compuesta por disposiciones fotográficas como las que ilustran este post, permitió al público conocer el curioso modo de ordenamiento de desechos de que hacen gala los verdaderos y únicos Paparazzis de la Basura a la hora de presentar en escena su obra.

LA DUDA
La semana pasada, en una columna titulada The press versus privacy (La prensa contra la privacidad), Robert Skidelsky –miembro de la Cámara de los Lores inglesa y profesor de economía política en la Universidad de Warwick– se preguntaba: “¿En qué condiciones es permisible limitar la libertad de prensa a fin de proteger el derecho a la privacidad o viceversa?”. Luego de analizar, a propósito de esta pregunta, el ventilado caso de la nota Director de la F1 en orgía nazi con cinco prostitutas, el especialista se responde: “Sería difícil, pero no imposible, dar un marco a una ley que limite el abuso del poder de la prensa y proteja al mismo tiempo su libertad para revelar los abusos del poder político. El principio esencial es que no se debe permitir que los medios alimenten la lascivia de la gente con el pretexto de proteger el interés público”.
A partir de estos postulados, ¿dónde encajaría la basurología de Mouron y Rostain?

Temas: Periodismo, Sociedad, Fotografía |


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