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Tener sensaciones en un miembro perdido

Lunes, Agosto 25, 2008

Ayer se celebró en Uruguay la Noche de la Nostalgia, sentimiento que la publicidad sabe aprovechar y que la psicología compara con la sensación física del amputado.


El autor de este blog en 1975, sonriendo orgulloso desde sus 8 años de edad mientras exhibía las “increíbles” construcciones que su papá le había ayudado a armar con Rasti.

La nostalgia describe un anhelo del pasado, a menudo idealizado y poco realista, afirma la definición de la habitualmente precisa Wikipedia.
A menudo idealizado y poco realista… ¿Entonces era mentira que los Rastis eran irrompibles, que se enganchaban perfectamente bien y que le permitían a uno experimentar satisfacciones como la de la foto? En realidad, probablemente allí haya poco de idealización y mucho de realismo, y hasta puede apelarse a la irrefutable prueba de los retornados Rastis de estos tiempos para comprobarlo.
Pero no debe olvidarse que, así como la nostalgia “se puede asociar a menudo con una memoria cariñosa de niñez, una persona, un cierto juego o un objeto personal estimado”, los estudios “muestran que muchas personas creen que en años o décadas pasadas las personas estaban mejor de lo que están ahora, con un nivel de vida más alto, incluso cuando esto no es siempre el caso”.
Indudablemente a eso se debe el eterno retorno de las modas, el regreso de los rockeros cincuentones a los apolillados escenarios sobre los que fueron ovacionados a los veintipico y los fanatismos a veces inexplicables por ex deportistas, ex músicos y ex lo que sea.
E indudablemente a eso se debe también el muy consciente aprovechamiento que los avivados publicitarios hacen de ese sentimiento sagrado que multitudinarias generaciones comparten con respecto a un fenómeno, a una marca, a una costumbre o a un lugar. Y así se relanzan marcas que en algún momento habían construido exitosamente una imagen que el tiempo no ha logrado disolver (el citado caso de Rasti es imbatible en este sentido).

LOS PUBLICITARIOS TAMBIÉN SON HUMANOS
La apreciación sobre el jugo que los publicitarios le sacan comercialmente a la nostalgia no implica en modo alguno que ellos estén a salvo del sentimiento sagrado.
¿Cómo se explica, si no, que una productora mexicana de cine publicitario se llame Rayuela, que otra de la ciudad argentina de Mar del Plata se llame Scout Films o que una agencia venezolana haya elegido para sí el apelativo de Eastwood & Bronson?
“Todos nos preguntan de dónde salió el nombre –le explicó uno de sus fundadores, Félix Zilinskas, a la revista 1492 Cultura Creativa hace un par de años–. Como se darán cuenta, Zilinskas y Navas no pegan mucho. Eastwood & Bronson suena mejor y hasta puedes creer que es una agencia multinacional prestigiosa. Pero lo cierto es que los apellidos corresponden a Clint Eastwood y Charles Bronson, dos de los actores duros más populares del cine del último siglo”.
Un caso similar es el de la productora porteña Rasti Films, que en la sección “About us” de su página web explica: “La productora nace de charlas entre café y café, pensando en la filosofía de los Rasti: un conjunto de piezas que por sí solas no son nada, pero que puestas de diferentes maneras, apoyándose unas con otras, forman algo sólido y con sentido”.
Otro ejemplo excelente es la movida que el Círculo Uruguayo de la Publicidad generó en su página web en estos días, para subirse a las sensaciones nacionales con respecto a lo vivido anoche en todos los bares y boliches del país. (La iniciativa se tituló Galería de la Nostalgia e incluyó una recorrida fotográfica por todo lo vivido por la institución y por su festival, el Desachate, desde 1989 hasta ahora).
¿Y cómo es posible que el ambiente publicitario sea el caldo de cultivo ideal en el que se gestan retornos “con todo” como los de las zapatillas Puma –que nunca desaparecieron, pero claramente habían dejado de ser bien vistas entre los jóvenes–, las galletitas Tentaciones y hasta los temas lentos que hace un tiempo auspició la marca Doritos?
Todo eso es posible porque los publicitarios, que en algún momento fueron niños, van creciendo y conociendo la nostalgia.
Y no sólo eso: cuando se convierten en padres, se transforman en los principales promotores de la nostalgia comercial que ciertas canciones, ciertas prendas y ciertas marcas les generan a ellos mismos, y hasta logran que niños y niñas del siglo XXI, que jamás se tomaron una Teem, ni se calzaron unas Llavetex (Juan, Perico y Andrés, los tres calzan Llavetex) o unos botines Sacachispas, ni entraron a un local de Pumper Nic a pedir unas Frenys, de pronto no sólo conozcan todas esas marcas, sino que incluso sueñen con ellas y deseen que reaparezcan en el mercado para poder experimentar esas sensaciones sagradas de las que les hablan sus papás.

¿DÓNDE PICA LA NOSTALGIA?
Es cierto que la nostalgia no es un sentimiento científicamente demasiado definible. Algunos pensadores, intentándolo, la han descripto como “la sublimación en la indeterminación de un anhelo del alma desbordado en la materia, como un amar sin ser amado y como un dolor que sentimos en miembros que no tenemos”. Algo muy parecido a esa picazón de pie que dicen que experimentan las personas a las que se les acaba de amputar una pierna: por más que busquen y rebusquen, jamás encontrarán dónde rascarse.
¿Y dónde pica la nostalgia?
Eso ya es cosa de cada uno. Al chico de la foto, hoy ya crecido, probablemente en la admiración ilimitada que sentía por dos hechos paralelos e incontrastables: la apasionante versatilidad de los Rastis para generar mundos inexistentes diez minutos antes y la incomparable habilidad de su padre para maniobrar las piezas y generar esos mundos.

Temas: Publicidad, Historia, Filosofía, Sociedad |


4 comentarios sobre “Tener sensaciones en un miembro perdido”

  1. juani ravaioli dice:
    Lunes, Agosto 25, 2008 a las 10:03

    Día de la Nostalgia. Esto me da pie a algo que vengo barruntando hace tiempo (y no me odien los uruguayos): pero la nostalgia es el sentimiento nacional uruguayo. No lo digo con rigor sociológico ni mucho menos avalado por investigaciones científicas, sino por la sensación que siento cada vez que visito ese lindo país.
    Hasta la ruidosa murga es nostálgica. Hasta el fútbol y su recuerdo de glorias mundialistas. Uno lee a Galeano, a Benedetti y le da nostalgia.
    Quizá sea un estigma que tengamos todos los rioplatenses, no sé. Pero me llamó la atención que justamente en Uruguay se celebrara ese día.
    Perdón si enojé a alguien con mi humilde y poco científica opinión.

  2. Pancho Dondo dice:
    Lunes, Agosto 25, 2008 a las 10:22

    No puedo coincidir más, Juani.
    Como vos decís: uno lee a Galeano, a Benedetti y le da nostalgia.
    Y agrego: uno camina por las calles de Colonia y le da nostalgia.
    Uno se topa por las calles de Montevideo, con tantísimos autos de más de cinco décadas más cuidados que un cero kilómetro, y le da nostalgia.
    Uno se reencuentra en una capital de país con escenas, costumbres y hasta olores que en Buenos Aires desaparecieron hace siglos y le da nostalgia.
    Uno escucha a Jaime Roos, a Jorge Drexler, a Rubén Rada, a Ana Prada, a Yábor, a Eduardo Darnauchans, a Alfredo Zitarrosa y a tantísimos más y le da nostalgia.
    Revalorando hasta ese punto lo que quedó atrás, no puedo dejar de sentir que los uruguayos están años luz por delante.

  3. Oveja dice:
    Lunes, Agosto 25, 2008 a las 11:50

    ¡Lindísimo! ¡Lindísimo! ¡Lindísimo! Me encantó el artículo. Y también el comentario de Juani Ravaioli, con quien concuerdo absolutamente aunque conozca muy poco de Uruguay. Besos.

  4. Eli Gallo dice:
    Martes, Agosto 26, 2008 a las 11:19

    Absolutamente de acuerdo con los tres! Y, además, y esto muy subjetivo, la uruguaya es una nostalgia respetuosa y prospectiva que no les impide, a la vez, avanzar,¿no?
    Siguiendo con el subjetivismo exacerbado, permítanme compartir la inefable nostalgia de mi brazo izquierdo que desde ayer posee siete clavos, una planchuela y, sobre todo una estatuaria inmovilidad. No es un miembro amputado pero está muy ausente y ¡no me puedo rascar!

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