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Cómo abrir los ojos a la felicidad ajena
Miércoles, Julio 23, 2008Los anteojos oscuros, los graffitis sin firma y hasta los grandes sucesos mundiales esconden pequeñas alegrías que componen la historia grande de la humanidad.
Foto: Pancho Dondo.
Caminar la ciudad con los ojos bien abiertos permite detectar mínimos rastros de felicidad que, de otro modo, serían absolutamente invisibles.
Un hombre que, con el auto detenido en el semáforo, observa todo desde atrás de sus anteojos oscuros puede que esté queriendo protegerse del sol de frente y que en realidad no esté intentando esconder nada… o que sí: un par de ojos vidriosos puede responder no sólo a alguna tristeza profunda, sino también a una pequeña e íntima alegría que al conductor en cuestión le avergüenza exhibir.
Un graffiti sin firma garabateado a las apuradas en una pared olvidada de la calle Riobamba puede esconder algo similar. Sobre todo si en él se lee “Acá besé por primera vez a la mujer más hermosa del mundo”. ¿Y si el hombre del semáforo y los anteojos oscuros fuera justamente quien acaba de escribirlo? En todas las ciudades, la imponente Avenida de la Casualidad se cruza, en alguna de sus esquinas, con el casi imperceptible Pasaje de la Causalidad.
Y un suceso de trascendencia mundial como la llegada del hombre a la Luna también puede estar tapando historias más ricas, más felices y hasta más trascendentes… al menos para sus protagonistas y sus descendientes.
ROCES, HUMEDADES Y TAQUICARDIA
El español José Antonio Garriga, nacido en Barcelona en 1954 y residente en Málaga desde hace muchos años, autor de varias novelas y columnista de diversos diarios y revistas, contó el caso hace dos años, en una entrevista periodística. Vale la pena dejarlo hablar a él:
“Fue la madrugada del 21 de julio de 1969. Aquel año pasaron muchas cosas, pero la más importante para mí fue que besé por primera vez a María. Yo entonces pasaba los veranos en una urbanización del pueblo sevillano de Gines. Allí vivían mis tíos. Como no tenían hijos, me invitaban todos los veranos. Los amigos no comprendían que fuera a pasar calor a Sevilla, pero mis amigos no conocían a María”.
“Aquella noche nos reunimos en el chalé de mis tíos para ver en la tele cómo el hombre llegaba a la Luna. Estábamos los niños y varios padres de la urbanización ante la tele en blanco y negro de mis tíos. María y yo estábamos tumbados en el césped mirando la Luna del cielo. Cuando Neil Armstrong puso el pie en la Luna se organizó un alboroto alrededor del televisor. Yo aproveché ese histórico instante para besar los labios de María”.
“Recuerdo que nuestras narices chocaron y que luego ella abrió la boca como si estuviera comulgando. Mientras Neil Armstrong y Edwin E. Aldrin brincaban por el satélite como dos canguros, a mí el corazón se me salía del pecho. Yo había ido mucho más lejos que ellos sin necesidad de pilotar ninguna nave con nombre de cabaret. Todos estaban hipnotizados con el ‘Apolo 11’, mientras yo miraba el rubor en los pómulos de María, el silencio, sus ojos cerrados cuando la besaba bajo la blanca y cálida Luna de Sevilla”.
“Fue un verano de descubrimientos, experiencias y también música, ya que aquel mismo año se celebraba el festival de Woodstock. María empezó a tararear canciones en las fiestas que hacíamos alrededor de las piscinas; me cantaba canciones de Joan Baez y yo era el muchacho más feliz de la urbanización Ochoa. Tenía entonces 14 años y ocho meses. Nos bañábamos en la piscina. Fue un verano de roces, humedades y taquicardia”.
¿Cuántas historias así se esconderán detrás de tantos anteojos oscuros, tantos graffitis sin firma y tantísimos grandes sucesos mundiales?
Para detectarlas quizás sólo haga falta abrir bien los ojos y quitarse por un instante los auriculares de la mente.
Temas: Abrir la cabeza, Asociaciones libres, Lenguaje urbano |


















Miércoles, Julio 23, 2008 a las 11:55
Hola
La felicidad esta tan enfrente de nuestras narices que nos ponemos bizcos y no podemos verla.
Muy bonito articulo el de hoy ^_^
Jueves, Julio 24, 2008 a las 8:57
auriculares de la mente…
es la descripcion justa!
ojala todos lo pudieramos hacer aunque sea una vez al dia… creo que cambiaria mucho las cosas.
ver mas alla, mas alla de la nariz! que bueno seria.
que bien le haria al projimo! y que bien le haria al corazon!
Miércoles, Septiembre 3, 2008 a las 0:10
Que buen post!… La historia de Garriga es genial! Porque como decís, alguien las vivió, pero lo bueno es compartirlas!, luego eso despierta en cada uno sus propias historias… del corazón que se abre… y fluyen hacia otro corazón… sí… del prójimo (uno mismo).