blog

institucional

temas

encuentros

la furia de tragant


« La palabra más vacía de contenido: amigo | Home | Cómo abrir los ojos a la felicidad ajena »

Hinchas sensatos y clubes estúpidos

Martes, Julio 22, 2008

Mientras en Marsella 33.000 hinchas juntaron € 2.500.000 para repatriar a Drogba, los clubes gastan fortunas en contratar extranjeros sin ocuparse de su bienestar.


Hasta el cierre de esta edición, 32.485 fanáticos del Olympique de Marsella habían recaudado un total de € 2.397.502 en lo que ellos mismos bautizaron “El Drogbathon”: un esfuerzo comunitario en pos del sueño casi irrealizable de que Didier Drogba vuelva a jugar para el club.

“Imposible no es marsellés” anuncia, casi como una declaración de principios, la página www.didier-revient.com, la que recibe el aporte desinteresado de cualquier hincha del Olympique de Marsella que esté dispuesto a desembolsar hasta 200 euros para intentar la locura de recuperar al marfileño Didier Drogba –actualmente en el Chelsea de Inglaterra– para el equipo.
“Todos juntos podemos hacerlo”, insisten más abajo, en un título de tipografía casi catástrofe enmarcado por dos Drogbas ostentando orgullosos la camiseta del Olympique.
Todo comenzó cinco años atrás, cuando Didier Drogba (nacido el 11 de marzo de 1978 en Abidjan, Costa de Marfil) llegó al Olympique procedente del En Avant Guincamp, un club de la segunda división francesa en el que había convertido 20 goles en 45 partidos. En Marsella se quedó sólo un año, pero fue clave para su carrera: convirtió 18 goles en 35 partidos, incluidos varias por la Copa de Campeones, e hizo que las miradas de algunos de los clubes más fuertes del mundo se posaran en él. Finalmente, el Chelsea se lo llevó, por apenas 37 millones de euros.
Al abandonar el club francés, Drogba afirmó que su corazón se quedaba en Marsella… y conquistó para siempre a todos los marselleses.
He allí la razón por la que ahora, cuando el marfileño llega al final de su relación con el club inglés (en el que obtuvo dos ligas locales y convirtió 50 goles en 110 partidos), los marselleses de pronto dieron rienda suelta a su fantasía de vestir nuevamente a Drogba con la camiseta celeste de su club y lanzaron el “Drogbathon”.
Enterado, el presidente del Olympique, Pape Diouf, declaró que estaba “sorprendido y divertido” por la iniciativa” y destacó “hasta qué punto puede llegar la pasión de un aficionado”, pero reconoció que su institución jamás podría pagar lo que Drogba gana por año en el Chelsea.
Sin embargo, ¿sólo se trata de dinero? Los seguidores del Olympique saben que Drogba ya se enteró de su iniciativa y, si bien son conscientes de lo lejos que están de concretar su sueño (el total que deberían reunir ronda los 28 millones de euros), apuestan a tocar las fibras más íntimas de un deportista que más de una vez dio muestras de estar hecho de bastante más que de bolsillos y cuentas de banco.
De hecho, el suyo en 2004, cuando se mudó a Inglaterra, es uno de los casos que toma el periodista deportivo Simon Kuper para explicar hasta qué punto los clubes se manejan de modo estúpido cuando de recibir y adaptar a un extranjero se trata. La nota, publicada el viernes 11 de julio en el diario inglés Financial Times, se tituló Clubs splash cash en su versión original, y fue retitulada en español, por Zoraida J. Valcárcel para La Nación, Futbolistas, extranjeros y solos.
A continuación, algunos de sus párrafos más notables.

LA ESTUPIDEZ ES PARTE ESENCIAL DEL NEGOCIO DEL FÚTBOL
• Los clubes persisten en contratar futbolistas extranjeros y decirles: “Aquí tienes un pasaje de avión. Ven y juega brillantemente desde el primer día”. El jugador no logra adaptarse a su nuevo país de residencia y rinde poco. Los millones que costó su pase son dinero malgastado. Esto sucede porque los clubes de fútbol son incompetentes. Así como el petróleo es parte esencial del negocio petrolero, la estupidez lo es del negocio del fútbol.
• Cuando un alto ejecutivo de Microsoft se traslada a otro país, su familia cuenta con la ayuda de un “consultor en readaptación” para buscar vivienda y escuelas, y aprender las nuevas reglas sociales. Una reubicación cara podría costar 15.000 libras esterlinas, o sea, el 0,1 por ciento de una generosa comisión por el pase. Desatender este punto es una de las tantas deficiencias del mercado del fútbol.
• La mala reubicación es la norma. (…) Pero el gran fracaso, que un consultor español todavía menciona en sus demostraciones, fue, quizás, el de Nicolás Anelka en Real Madrid, en 1999. Real había gastado 22 millones de libras en su pase, pero no gastó nada en ayudarlo a adaptarse. Cuando ese muchacho de 20 años, tímido y torpe, se presentó a trabajar, no había nadie para mostrarle el club. Ni siquiera le habían asignado un armario en el vestuario. Eligió uno desocupado; enseguida apareció otro jugador y lo reclamó. Según contó más tarde, lo único que le dijo Real fue: “Arréglatelas solo”. Al cabo de un año amargo, se marchó.
• Emigrar puede resultar arduo aun para el futbolista más sociable. Tal vez, su compañera no encuentra trabajo, o está embarazada y no comprende a su médico. O bien él no acaba de entender a su nuevo técnico. Eso al club no le importa. Le está pagando bien y él, simplemente, tiene que rendir.
• A menudo, por prevención, los clubes evitan a los inadaptados potenciales. Por ejemplo, los brasileños son los mejores futbolistas del mundo. No obstante, los clubes ingleses rara vez los compran porque no hablan inglés, les desagrada el clima frío y no comprenden la tradición medular del fútbol inglés: beber diez litros de cerveza en una sola noche. Por tradición, los clubes ingleses compran escndinavos. En promedio, no juegan tan bien como los brasileños. Pero comprenden el inglés, el clima frío y los diez litros de cerveza.
• En su autobiografía reciente, Didier Drogba relata su pase del Olympique de Marsella al Chelsea, en 2004, por 37 millones de euros. En el Chelsea, nadie lo ayudó a buscar una casa o una escuela para sus hijos. La familia pasó varias “semanas exasperantes” en un hotel. Todos los extranjeros costosos contratados por Chelsea solían reunirse en el club y comentar: “¿Tú también sigues viviendo en un hotel?”. “Después de toda esas molestias –escribe Drogba–, perdí las ganas de integrarme al club o multiplicar mis esfuerzos”.

Temas: Deportes, Asociaciones libres |


Un comentario sobre “Hinchas sensatos y clubes estúpidos”

  1. juan pablo huizi dice:
    Martes, Julio 22, 2008 a las 9:45

    Aquí en el FC Barcelona hay una historia con Tití Henry que se separó de su mujer y su hija justo cuando firmaba para el Barça.
    En alguna entrevista se le ocurrió decir que no se sentía a gusto porque extrañaba a su hija y muchos medios de comunicación y muchos fanáticos lo tildaron de tonto y débil.
    No estoy al tanto de si tenía algún consultor por parte del FCB -supongo que sí- pero estoy convencido de que su bajo rendimiento del pasado año fue por esta situación.
    No es fácil ser humano cuando hay tanto dinero e intereses en juego.

Agregue su comentario