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La palabra más vacía de contenido: amigo
Lunes, Julio 21, 2008Hoy, en la web, suele llamarse amigo a alguien a quien nunca se vio y seguramente nunca se verá; en su potente “Elegía”, Miguel Hernández no la usó ni una vez.
Noviembre de 1982, San Juan de Puerto Rico: en el Festival de la Trova Ibero-Americana, Joan Manuel Serrat entona los versos de la “Elegía a Ramón Sijé” –“un poema que es una exaltación a esta maravilla que es la amistad”, define el Nano– y estremece al auditorio.
Ayer, 20 de julio, en la Argentina, en Uruguay y en algunos otros países, se celebró el Día del Amigo.
“Ah, OK, el día en que uno se reúne con esas dos o tres personas que realmente lo significan todo para uno, y brinda en la intimidad por tantas cosas compartidas…”, podrá aventurar algún advenedizo.
Eeeh… No, en realidad no. Más bien, el día en que uno saluda a todos los “amigos” que tiene acumulados en su libreta de direcciones del Outlook Express, en su carpeta de “amigos” del Hi5 y otros espacios similares y les envía, probablemente “con copia oculta”, el mismo mensaje reflexivo, en el mejor de los casos con una cita de Paulo Coelho.
Nunca como en los últimos años las palabras “amigo” y “amistad” se habían vaciado tanto de contenido. Gracias a internet, la maravillosa red de redes que eliminó las fronteras como ninguna herramienta lo había hecho antes en la historia de la humanidad, cualquiera tiene amigos que no son más que un par de palabras –un apellido y un nombre– en el remitente o el destinatario de un email. A lo sumo, a ese par de palabras podrá agregárseles una mini-foto en el MSN. Aunque nunca se sabe si esa foto corresponde realmente al “chateante” o no…
AFECTO PURO Y DESINTERESADO
El diccionario de la Real Academia Española define amigo como “que tiene amistad”. Y amistad, como “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”.
¿Puede considerarse trato el que se prodiga únicamente de forma digital?
Tema para debate.
En los últimos tiempos, por otra parte, en la calles argentinas, es muy habitual oír interpelaciones del tipo “Amigo, ¿me dice la hora?” o “Amigo, ¿conoce la calle Altolaguirre?”, entre personas que jamás se habían visto y seguramente nunca se verán de nuevo. Un uso que hasta hace muy poco se reservaba para interjecciones como ey o che o apelativos más altisonantes pero menos comprometidos como jefe, maestro, viejo o, si se trataba de un diálogo entre jóvenes muy jóvenes, quizás loco.
Pero… ¿amigo?
Amigo es demasiada palabra para situaciones tan intrascendentes y pasajeras como una pregunta al azar lanzada a un desconocido en una esquina, un grupo de contactos en cadena en un espacio público al que tienen acceso millones de personas o una salutación impersonal enviada con un solo clic a toda una libreta de direcciones.
Lo sabía muy bien Joan Manuel Serrat en 1974 cuando escribió que “decir amigo es decir lejos y antes fue decir adiós. Y ayer y siempre lo tuyo, nuestro; y lo mío, de los dos”.
Y lo sabía mejor aun el poeta español Miguel Hernández (1910-1942), cuando en 1935 homenajeó a su amigo Ramón Sijé, muerto con apenas 22 años, con uno de los poemas más potentes que existen sobre el sentimiento de la amistad. Escrito con tanto respeto por ese sentimiento que ni una sola vez Hernández echa mano de la palabra sagrada.
En 1972 el mismo Serrat le puso música e inmortalizó para siempre sus palabras:
ELEGÍA
(Miguel Hernández - Joan Manuel Serrat)
(En Orihuela, su pueblo y el mío,
se nos ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería…)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas,
y órganos mi dolor sin instrumentos,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler, me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano está rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera,
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irá a cada lado,
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas,
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Temas: Sociedad, Asociaciones libres, Música, Literatura |

















Lunes, Julio 21, 2008 a las 13:09
Qué bueno comprobar que también se pueden encontrar reflexiones inteligentes en internet! Comparto en un todo tus comentarios y te agradezco que hayas rescatado estas expresiones del Nano sobre un tema tan trascendente como la amistad. Quien tenga un amigo de verdad, o haya perdido uno, no puede dejar de conmoverse con el poema de Hernández. Aguante la inteligencia en el ciberespacio!!
Un abrazo