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Un viejo engaño, por boca de un autista
Martes, Junio 10, 2008El Caso de las Hadas de Cottingley es muy famoso; lo nuevo es oírselo a Christopher Boone, el protagonista de una de las mejores novelas inglesas de los últimos años.

La foto que disparó todo el caso, tomada en 1917 por las primas Frances Griffiths (que tenía 9 años) y Elsie Wright (16).
Predata: En 2003, el ilustrador y escritor infantil Mark Haddon (nacido en 1962) publicó la novela “The curious incident of the dog in the night-time” (conocida en español como “El curioso incidente del perro a medianoche”). Él mismo, tras haberla escrito pensando únicamente en un público adulto, se sorprendió cuando su editor le propuso apuntar con ella también a niños. La novela fue un boom inmediato, de ventas y de crítica, y obtuvo los premios Whitbread Book of the Year 2003, Commonwealth Writers’ Prize for Best First Book en 2004 y West Australian Young Readers Book en 2005.
De ella, un escritor consagradísimo como Ian McEwan comentó: “Soberbia. Mark Haddon escribe con sabiduría y sentido del humor”.
Su protagonista, que habla durante todo el libro en primera persona y se presenta a sí mismo como Christopher John Francis Boone, coinciden todos en que “está llamado a convertirse en un héroe literario universal de la talla de Oliver Twist y Holden Caulfield” (el protagonista de “El cazador oculto”, de J. D. Salinger).
Lo curioso del caso es que no se trata de un personaje cualquiera: con “15 años, 3 meses y 2 días” –así lo explica él–, padece el síndrome de Asperger, que es una de las formas severas del autismo que se caracteriza por una especie de “ceguera emocional” que impide a quien lo sufre decodificar incluso gestos ajenos tan simples como una sonrisa. Como contrapartida, su capacidad intelectual no se ve afectada en absoluto; eso, sumado a su extraordinario aislamiento del mundo que los rodea, lleva muchas veces a pensar que quienes tienen el síndrome de Asperger son superdotados, aunque no es así.
Tiene la palabra Chistopher Boone.
CAPÍTULO 139, QUE EN REALIDAD ES EL 33º
Me gusta Sherlock Holmes, pero no me gusta sir Arthur Conan Doyle, que es el autor de las historias de Sherlock Holmes. Es porque no era como Sherlock Holmes y creía en lo sobrenatural. Cuando se volvió viejo se hizo miembro de la Sociedad Espiritista, lo que significa que creía que uno puede comunicarse con los muertos. Eso fue porque su hijo murió de gripe durante la Primera Guerra Mundial y quería hablar con él.
En 1917 pasó algo famoso llamado El caso de las hadas de Cottingley. 2 primas llamadas Frances Griffiths, que tenía 9 años, y Elsie Wright, que tenía 16 años, dijeron que solían jugar con hadas junto a un arroyo llamado Cottingley Beck y usaron la cámara del padre de Frances para tomar 5 fotografías de las hadas como ésta:
(Ver foto de arriba).
Pero no eran hadas de verdad. Eran dibujos sobre pedazos de papel que recortaron y sujetaron con alfileres, porque Elsie era una artista realmente buena. Harold Snelling, que era un experto en fotografía falsificada, dijo
Esas figuras danzantes no están hechas de papel o de tela; no están pintadas sobre un fondo fotográfico… pero lo que más me desconcierta es que todas esas figuras se han movido durante la exposición.
Pero se estaba comportando como un estúpido, porque el papel sí se habría movido durante la exposición, y la exposición era muy larga, porque en la fotografía se ve una pequeña cascada al fondo y está borrosa.
Entonces sir Arthur Conan Doyle oyó hablar de las fotos y dijo que creía que eran reales en un artículo en una revista llamada The Strand. Pero él también se estaba comportando como un estúpido, porque si miras las fotografías ves que las hadas tienen exactamente el mismo aspecto que las hadas de los libros viejos, y tienen alas y vestidos y medias y zapatos, que es como si unos extraterrestres aterrizaran en la Tierra y fueran como Daleks de Doctor Who o soldados imperiales de la Estrella de la Muerte en La guerra de las galaxias o pequeños hombres verdes como los de los dibujos animados de extraterrestres.
En 1981, un hombre llamado Joe Cooper entrevistó a Elsie Wright y Frances Griffiths para un artículo en The Unexplained, una revista sobre sucesos inexplicables, y Elsie Wright dijo que las 5 fotografías habían sido falsificadas y Frances Griffiths dijo que 4 habían sido falsificadas pero que una era real. Y dijeron que Elsie había dibujado las hadas basándose en un libro llamado Princess Mary’s Gift Book de Arthur Shepperson.
Y eso demuestra que a veces la gente quiere comportarse de manera estúpida y no quiere saber la verdad.
Y demuestra que algo llamado la navaja de Occam es cierto. Y la navaja de Occam no es una navaja con la que los hombres se afeitan sino una ley, y dice
Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem.
Que es latín y significa
No ha de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias.
Lo que significa que a una víctima de asesinato la mata habitualmente alguien conocido y que las hadas están hechas de papel y que uno no puede hablar con alguien que está muerto.




Las últimas cuatro fotos del famoso engaño de las pequeñas primas inglesas.
Posdata: La historia cuenta que las primas, luego de jugar un rato fuera de la casa, contaron a sus padres que habían estado “viendo las hadas”. Cuando sus padres no les creyeron, tomaron prestada la cámara del padre de Elsie y tomaron la primera de las fotos, en la que se ve a Frances posando con unas hadas. El resultado sorprendió a todo el mundo, pero el padre de Elsie no se convencía tan fácilmente. Así, un mes más tarde las niñas tomaron la segunda foto, la de Elsie con un gnomo. Las fotos no tomaron estado público hasta que, dos años más tarde, la madre de Elsie se las mostró a un teósofo (doctrina esotérica que alienta la posibilidad de que existan seres espirituales). A partir de ese momento, las fotos se convirtieron en tema de debate nacional, en un país que venía de atravesar los horrores de la Primera Guerra Mundial y estaba necesitado de argumentos dulces e inocentes en los que creer.
El debate, con el agregado de las últimas tres fotos tomadas en 1920, siguió durante décadas, sir Arthur Conan Doyle incluido, hasta que las dos protagonistas, entrevistadas 64 años después de la primera toma, confesaron lo que cuenta Christopher en el libro: que las fotos eran falsas.
Afortunadamente, para esa altura los ingleses tenían muchos otros engaños en los que creer inocentemente.
Temas: Historia, Fotografía, Literatura |










Martes, Junio 10, 2008 a las 8:50
La literatura fagocita, como el video de ayer, todo. Y escupe mejor, por suerte.
Por otro lado: Creer en los propios engaños. Tal vez no tan inocentemente. Primero se crea el engaño, se trabaja para que los otros lo crean y se terminan fabricando pruebas que les permitan descansar en su propio delirio. Y ahí sí, creer inocentemente. (¿Cuántos mails circulan con haditas, duendecitos, angelitos y demás figuras que, encima, tienen más poder cuanto más lejos llegan, esto es a cuanta más gente le son enviados?) Qué rollo! Será que cada uno cree en lo que puede. Y si no hay, lo inventamos. Y si no da la cabeza, hay grandes corporaciones que te lo facilitan!
Martes, Junio 10, 2008 a las 21:17
muy bueno, yo lei ese libro y se lo recomiendo si no lo leyeron. Hoy en dia todavia se ve gente q cree en algunos videos de los miles q hay en youtube mostrando “fantasmas”.