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Londres puede ser muy muy y tan tan
Miércoles, Junio 4, 2008Dos fotógrafos que residen en la capital inglesa proponen acercamientos urbanos casi opuestos: ella ve a sus congéneres enormes e imponentes; él, todo diminuto.




Cuatro imágenes del proyecto “Teenage Stories” de Julia Fullerton-Batten.
Ella se llama Julia Fullerton-Batten y nació en Bremen (Alemania) en 1970.
Él se llama Will Self, se hace llamar Slinkachu y nació en Devon (Inglaterra) en 1979.
Ella creció con su familia entre su Alemania natal y los Estados Unidos, y vive en Londres desde 1986.
Él creció junto a los acantilados de su ciudad natal y se mudó a Londres para desarrollar su carrera de artista.
Ella estudió fotografía en el Berkshire College of Art and Design, tiene una amplia experiencia en fotografía publicitaria y se destaca por una gran destreza técnica.
Él estudió y abandonó diseño, tiene un modo diferente de mirar las calles londinenses y se destaca por una imaginación desbocada.
Lo mismo que ella.




Cuatro fotografías del proyecto “Little People” de Will Self, alias Slinkachu.
DE LILLIPUT A BROBDINGNAG
El proyecto de Julia-Fullerton-Batten que ilustra este post se titula Teenage Stories (Historias Adolescentes); el de Slinkachu, Little People (Gente Pequeña).
Y si bien hurgan visualmente en los extremos opuestos de las proporciones y la lógica, los dos se tocan en el modo en que manipulan dos variables bien concretas: en primer lugar, los objetos, los sujetos y las escenografías con que se las arreglan para generar su arte; en segundo, el impacto y las emociones que su arte genera en quien lo ve.
Para Teenage Stories, Fullerton-Batten se vale únicamente de modelos no profesionales, elegidas con todo cuidado en las calles de Londres; para Little People, Slinkachu compra autos, trenes y muñecos en miniatura y después los pinta y decora con gran prolijidad.
En las fotos de ella, lo natural son los personajes y lo artificial, el entorno; en las de él, exactamente al revés.
Algún crítico, al comentar la obra de ella, la incluyó en la tradición de la fotografía humanista, básicamente “a partir de la naturalidad de las modelos y lo inusual de los entornos”. Otro, elogiando la obra de él, remarcó que “pretende subrayar la inconmensurable sensación de aislamiento y soledad que afecta hoy en día a la mayoría de los habitantes de una gran ciudad”.
Desde su estrategia de no dar a conocer su nombre y preferir el uso de un seudónimo, Slinkachu resulta casi tan anónimo e inadvertido como sus personajes en miniatura. Y desde su página web personal construida a partir de doblevé doblevé doblevé su nombre y apellido punto com, Julia Fullerton-Batten es consciente de que la mayoría de la crítica ya la ha consagrado y la considera una de las fotógrafas con más futuro del país.
Los dos, en definitiva, permiten al espectador sentirse Gulliver por un rato: ella, ofreciendo una recorrida por Lilliput, la tierra donde todo mide doce veces menos de lo habitual; él, invitando a un paseo por Brobdingnag, el reino de gigantes doce veces más grandes que los humanos.
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