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Reciclar lo ajeno y completarse uno mismo
Jueves, Mayo 29, 2008Mark Jenkins es un artista callejero estadounidense que, en su página de links, propone inesperadamente conocer las caras de todos los que se llaman igual que él.

Los rostros son absolutamente variados, en origen, color y actividad: hay desde gerentes de empresas hasta fugitivos de la justicia.
Uno hace distraídamente clic en la palabra Links y espera encontrarse con el clásico listado de palabras en azul, a lo sumo con logotipos o fotos al costado.
Pero no.
Lo que aparece es este montón de fotos carnet de arriba, aburridas e inexpresivas a más no poder, que inmediatamente generan la pregunta lógica: ¿un artista propone visitar los currículums de un montón de desconocidos?
Más o menos.
Porque, apenas uno empieza a recorrer los links, probablemente sin orden ni método, comienza a detectar, de parte del autor de la página, un orden y un método infalibles: todos los portadores de cara que tiene ante sus ojos llevan el mismo nombre.
El médico que atendió a tres muertos en Irlanda del Norte se llama Mark Jenkins.
El perdedor en las elecciones de alcalde en un pueblito del estado de Virginia se llama Mark Jenkins.
Entre los fugitivos más buscados del condado de Hamilton hay un Mark Jenkins.
El gerente general de un estudio de comunicación de Arkansas se llama Mark Jenkins.
El columnista más arriesgado de la revista para montañistas Outside se llama Mark Jenkins.
Un ignoto policía del poblado de Macquarie Fields se llama Mark Jenkins.
Las condiciones para figurar en la honorable Página de Links de Mark Jenkins parecen ser no sólo llamarse exactamente como él, sino incluso aparecer con foto carnet –imágenes de mejor calidad, abstenerse– en algún sitio web del inabarcable espacio cibernético.
El mecanismo, visto desde el punto de vista del artista estadounidense y la actualización de su sitio, guarda un pequeño problema, ya que, sin avisarle, de pronto los fugitivos son atrapados, los gerentes generales cambian de empresa, los candidatos electorales ganan las elecciones, el columnista arriesgado pierde la vida en un precipicio y el ignoto policía se transforma en fugitivo.
Y todo eso, sin avisarle al verdadero Mark Jenkins. Al legítimo. Al que provocó que todos ellos, aunque más no fuera durante el breve lapso que dura un clic de ida y un clic de vuelta, alcanzaran la fama global.
Mientras tanto, el artista –que nació en 1970 en Fairfax, Virginia, y reside actualmente en Washington DC– descansa cómodamente sobre el negro fondo de su página web, alegre de haber hallado el modo de reciclar la intrascendencia ajena y completar mínimamente su búsqueda artística interior.
Aunque varios de sus clones se le hayan escapado.
Temas: Arte digital, Internet, Fotografía |









