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Mona Make Over: videojuego y algo más

Martes, Mayo 20, 2008

¿Qué sabe de historia y arte un adolescente que en internet juega a inflar de siliconas las tetas de la Gioconda? ¿O habrá que preguntarse qué necesita saber?

El juego Mona Make Over fue desarrollado por la empresa de cremas faciales Apothia. Nota: para evitar la música que suena cada vez que se carga la página, haga clic en el botón “Come play with me!” y, luego, en el ícono de volumen que aparece abajo a la izquierda.

En 1919, el primero en jugar con ella fue el esperable Marcel Duchamp, cuando le puso bigotes y barbita puntiaguda y debajo escribió L.H.O.O.Q., que leído rápidamente en francés suena a Elle a chaud au cul (Ella tiene el culo caliente).
En 1954, Salvador Dalí pintó su autorretrato sobre ella, a manera de ridiculización.
En 1977, Fernando Botero la recreó como una mujer extremadamente obesa y deforme (como una de las suyas, bah).
En 1986, Jim Henson reemplazó su cara y su cuerpo por los de Miss Piggy.
Desde que en los primeros años del siglo XVI fuera creada por Leonardo da Vinci, la Mona Lisa ha sido absolutamente de todo. Y, desde que la informática se combinó con el entretenimiento, también videojuego.
En mil formatos: como propuesta visual para cambiarle las proporciones, como rompecabezas, como espacio para pintar a partir de una reproducción de líneas y como lo que al programador de turno se le ocurriera.
En el caso del juego que ilustra este post, como experimento de cirugía estética.

MONA MAKE OVER
Hacer clic en el botón Come play with me! (Vení a jugar conmigo) permite encontrarse con una prolija reproducción de la Mona Lisa que no sabe la que le espera. Gracias a las jeringas que inyectan bótox y colágeno, a ciertos procesos químico-dermatológicos y a un bisturí, en apenas segundos la señora puede quedar convertida en un verdadero monstruo.
Si uno está inspirado, puede llegar a intentar una evolución (¿o involución?) estético-cronológica del personaje, pasando por la naricita de comienzos de los 80, las primeras silicones de pocos años después, la aparición del botox y el colágeno en los albores del siglo XXI y el descontrol absoluto del presente. Experimento que quedaría más o menos así:

Y si uno tiene demasiada pereza como para comenzar a experimentar por su cuenta, siempre está la opción de hacer clic en el botón Randomona! (Mona Lisa aleatoria) y esperar que el juego mismo conciba una Gioconda más inesperada aun (y con elementos extra como un aro en la nariz o un ojo más cerrado que otro).
De todos modos, las verdaderas preguntas que surgen ante el experimento, más o menos divertido, más o menos irreverente, son: ¿es bueno que un videojuego como Mona Make Over sea el primer contacto de los chicos con una obra como La Gioconda? ¿Cuán útil, didácticamente hablando, es el estudio de un objeto a partir de la irreverencia por ese objeto? ¿No sentirán lo mismo los chicos por próceres, culturas, pueblos, civilizaciones enteras del pasado y del presente? ¿Qué está construyendo y qué está destruyendo el ser humano, de generación en degeneración?

NI MUY MUY NI TAN TAN
Hace exactamente diez días, en una iglesia de las afueras de la ciudad de Buenos Aires, se casó un redactor de una de las agencias creativamente más prestigiosas del país. La cosa fue con misa de esponsales, coro, órgano y tutti le fiocchi. Cuando al final de la ceremonia las puertas estaban comenzando a abrirse, desde las alturas llegaron los imponentes sonidos de órgano y coreutas atacando juntos la Oda a la alegría, del último movimiento de la novena sinfonía de Beethoven. Inmediatamente, un chico de 9 años que estaba en el lugar comentó maravillado: “¡Escuchá, papá! ¡La canción de la Copa Libertadores!”.
¿Y acaso uno mismo, cuando en algún momento de su infancia se topó en una enciclopedia con una reproducción de la Mona Lisa, no le comentó a su padre: “Mirá, papá, la señora del dulce de membrillo”?
Bienvenida la irreverencia, señores.

Temas: Arte digital, Educación, Internet, Pintura |


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