« El viento del metro no levanta sólo faldas | Home | Nueve minutos livianos y un final impactante »
Internet puede llevar a un enredo mortal
Viernes, Mayo 2, 2008Un artista español que expone en Ginebra hasta mitad de mes recicla cables ópticos y plantea el sinsentido en que el hombre está embarcándose con la tecnología.


Arriba, un detalle de “Enredos”, una fotografía que en su versión original mide dos metros por un metro y medio; abajo, un fragmento de la instalación “Spider”, realizada con cables ópticos.
Se llama Daniel Canogar, nació en Madrid en 1964 y lleva más de dos décadas formulando preguntas de enorme profundidad a partir de varios formatos artísticos: primero, y durante muchos años, desde la fotografía; y en los últimos tiempos, también a partir de instalaciones preparadas principalmente en base a cables y luz. Ahora, mientras está llegando al final de su muestra Enredos - Spider - Tangle en la galería Guy Bärtschi de Ginebra (Suiza), sigue dando pruebas de que los planteos metafóricos y visuales continúan siendo sus favoritos.
“Siempre he buscado alterar los formatos tradicionales fotográficos –explica Canogar en su manifiesto personal–. A través de proyecciones e instalaciones he querido reventar el marco fotográfico y sumergir al público en imágenes. Estas obras investigan cómo la identidad del sujeto queda alterada en el espacio del espectáculo”.
En este caso, reciclar cables ópticos de varios grosores y colores y configurar un sistema de multiproyección con el que viene trabajando desde los años 90 le ha permitido a Canogar emitir un clarísimo grito virtual sobre la web que todo lo enreda, la internet, al mismo tiempo que rendir un sincero homenaje a Étienne-Gaspard Robert (1763-1837), más conocido como Étienne Robertson, un científico belga obsesionado por los efectos ópticos, creador de la fantasmagoría.
“A partir de 1798, Robertson comenzó a utilizar linternas mágicas para proyectar imágenes espectrales de cuerpos –explica el artista madrileño–. Un espectáculo proto-cinematográfico que cautivó al público europeo. En mi caso, substituyo las linternas mágicas por cables de fibra óptica, actualizando la noción del fantasma tecnológico. En lugar de ser un espectador pasivo, el público activa la instalación tapando y destapando imágenes mientras camina por el espacio. El espectador no sólo se convierte en una pantalla, sino que también descubre su propia sombra cuando interrumpe un haz de luz”.
IMPACTO ASEGURADO
El impresionante show de Canogar despliega el clásico tema del hombre versus la máquina a través de cables enredados que no son otra cosa que una metáfora de las redes electrónicas. La serie Enredos plantea ese contenido de modo casi literal. La sección Spider, por su parte, consiste en sets de cables ópticos de varios colores cuyos extremos, expuestos a modo de tentáculos, culminan en sistemas de proyección en miniatura que disparan, sobre la oscuridad de las paredes circundantes, las imágenes móviles de cuerpos humanos enredados en más cables. Y la propuesta Tangle, finalmente, es una suerte de pesadilla tecnológica, compuesta a partir de una instalación caótica de cables de desecho electrónico.
Abajo, el modo en que Daniel Canogar se presenta a sí mismo en el sitio de la galería suiza Guy Bärtschi: no puede con su genio y hasta en su autorretrato propone su constante tesis de consumo versus vacío, exceso versus sentido.
Temas: Internet, Sustentabilidad, Instalaciones, Cine, Fotografía |










