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Lo políticamente correcto: hipocresía para disimular odios
Viernes, Abril 11, 2008Negros, indios, mogólicos: de la película Freaks (1932) a la revista argentina Barcelona, todo intento por eliminar la hipocresía visual y verbal ha sido acallado
A la izquierda, la tapa de la edición 125 de la revista argentina Barcelona, publicada el 4 de enero pasado; a la derecha, una selección de 6 minutos de escenas de la película “Freaks”, musicalizada con las voces de dos gigantes como Johnny Cash (cantando “Hurt”) y Billie Holiday (en “Gloomy Sunday”).
Tod Browning (1880-1962) dirigió Freaks (Fenómenos) en 1932. La suya no había sido una carrera fácil: aciertos y errores, divorcio y alcoholismo lo habían acercado y alejado alternativamente del gran público. Sin embargo, el estreno de Drácula con Bela Lugosi en 1931 parecía estar simbolizando un nuevo encarrilamiento de su carrera. El éxito había sido enorme y parecían venir tiempos mejores.
Para qué. La primera y única película de la historia del cine en la que los monstruos son reales y se presentan como tales –hay enanos varios, una mujer barbuda, un negro que tiene únicamente cabeza y torso, siamesas, hermanas con microcefalia y varias monstruosidades más– fue demasiado fuerte para el público. Durante muchísimos años estuvo prohibida en países vanguardistas como Inglaterra, y en su país de origen –los Estados Unidos– pudo proyectarse muy pocas veces. Hoy es una película de culto y sus virtudes cinematográficas están prácticamente fuera de discusión, pero en su época Freaks resultó excesivamente cruda y sincera.
Aunque… ¿únicamente en su época? Es cierto que hoy se pauta en festivales y retrospectivas, pero al mismo tiempo no puede ocultarse que nadie más en la historia del cine intentó una aventura como la de Tod Browning (cuya carrera, dicho sea de paso, jamás pudo recuperarse).
NEGROS, INDIOS Y MOGÓLICOS
“Confirman que las expresiones ‘afro’, ‘pueblo originario’ y ‘persona con otras capacidades’ no han modificado la situación de negros, indios y mogólicos”.
Para la revista argentina Barcelona, un título más. Nacida después de la crisis de comienzos de siglo, distribuida en sus comienzos con la revista TXT del desaparecido Adolfo Castelo y editada desde hace ya varios años cada dos semanas –con tiradas promedio de 18 mil ejemplares–, la revista que fundaron Pablo Marchetti, Mariano Lucano e Ingrid Beck es la preferida de los kiosqueros, que exhiben sus tapas sin campañas de marketing ni promociones de por medio, y no tiene absolutamente ningún pelo en la lengua.
La gran pregunta que surge, ante el rescate póstumo de una obra como la de Browning y el compromiso espontáneo de vendedores y compradores con el periodismo creativo de Marchetti, Lucano y Beck es ¿qué esconde realmente lo políticamente correcto?
¿No será más bien un invento de gente que tiene miedo de que al decir negro o indio se noten demasiado sus verdaderos sentimientos para con esos grupos?
Como buen antídoto, quizás valga la pena sugerir acercarse a cualquier potrero urbano en el que se vea jugando a la pelota a un grupo de evidentes amigos y tratar de pescar los apodos con que todos se tratan. ¿Alguno quiere ocultar un defecto? Impensable: los ¡Gordo!, ¡Pelado!, ¡Chueco!, ¡Bizco! o ¡Petiso! están a la orden del día. Y todos tan felices.
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