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Lo que los estadounidenses de 1873 jamás pudieron ver
Miércoles, Abril 2, 2008Ese año, Eadweard Muybridge registró una serie de 12 fotos que permitió estudiar el galope de un caballo; sin embargo, aún no había modo de ver la secuencia animada


Arriba, el gif animado –en reproducción infinita– que jamás pudo ver el público de Eadweard Muybridge; lo que en 1873 sí pudieron ver todos fue la secuencia estática de abajo, con las doce fotografías que permitieron comprobar cómo se mueve exactamente un caballo al galopar.
El debate venía desarrollándose de hacía un tiempo: cuando los caballos galopan, ¿hay algún momento en que tengan las cuatro patas en el aire y, por lo tanto, pierdan por completo el contacto con el suelo? Innumerables estudiosos del movimiento y analistas de la imagen se habían echado cuerpo a tierra junto a las pistas de varios hipódromos sin haber logrado más que llenarse de polvo y toser un buen rato: el galope de un caballo es demasiado rápido y resulta prácticamente imposible analizar por separado qué ocurre con cada una de sus cuatro patas en cada momento.
Hasta que, en 1872, un tal Leland Stanford –ex gobernador de California, presidente de la Central Pacific Railway, dueño de caballos de carrera y futuro fundador de la Universidad que hoy lleva su apellido– contrató al fotógrafo más famoso de la costa oeste de los Estados Unidos, el inglés Eadweard Muybridge (1830-1904) y le hizo un encargo que Muybridge no sólo aceptó, sino que incluso asumió como su gran desafío profesional a partir de ese momento: al galopar, ¿los caballos se trasladan en algún instante sin apoyar ninguna pata en el suelo? La teoría, que los locales llamaban unsupported transit (tránsito sin apoyo), tenía entre sus defensores al propio Stanford y, entre sus detractores, a otro personajón, James Keene, el presidente de la Bolsa de San Francisco. Se dice, incluso, que alguno de ellos llegó a apostar 25.000 dólares, pero nadie pudo nunca probarlo.
CÓMO
Stanford pidió a Muybridge que tratara de captar con su cámara el galope de su caballo Occident. El fotógrafo se puso manos a la obra en el hipódromo de Sacramento, aunque para comenzar no pidió al jinete un galope sino un trote, de unos 35 kilómetros por hora. Para que la silueta del caballo se distinguiera mejor contra el fondo, pidió a los vecinos que le prestaran todas las sábanas de color blanco que pudieran y las colgó como fondo. Los resultados no fueron todo lo buenos que fotógrafo y cliente esperaban, nadie pudo confirmar quién tenía razón con respecto a las patas del animal y la polémica pareció quedar olvidada. Aunque no para Muybridge.
Después de un largo viaje, en abril de 1873 volvió a las andadas y finalmente logró mejores negativos (gracias a una exposición que por entonces era récord, de 1/500 de segundo), en los que era posible reconocer la silueta del caballo y darle la razón a Stanford: en efecto, el tránsito sin apoyo era un hecho.
Desde entonces, Muybridge no abandonó la búsqueda de registrar con total precisión el movimiento animal y humano, y hasta llegó a idear un ingenioso mecanismo de hilos paralelos dispuestos a lo largo de la pista, cada uno conectado al obturador de una cámara distinta, que era accionado por las patas del caballo cuando pasaba y rompía el hilo en cuestión.
Entusiasmado, en 1888 le mostró sus trabajos a Thomas Alva Edison, quien los tuvo muy en cuenta para sus investigaciones posteriores. Para entonces, Muybridge ya había concebido el zoopraxiscopio, un artefacto importante en el desarrollo inicial de las películas cinematográficas, que proyectaba imágenes situadas en discos de cristal giratorios en una rápida sucesión, para dar la impresión de movimiento.
Pero todo esto pasó a ser simplemente la prehistoria del cine cuando, el 28 de diciembre de 1895, en el Grand Café de París, los hermanos Louis y Auguste Lumière proyectaron –para sorpresa y estupor de los presentes– La llegada del tren a la estación, los 60 segundos que inauguraron la forma de entretenimiento público que marcó al siglo XX.
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