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Los precursores del fotoperiodismo más crudo

Viernes, Marzo 28, 2008

En la Londres de 1876, un periodista y un fotógrafo lanzaron una revista que registraría, con títulos duramente irónicos, el sufrimiento de los más pobres


Una de las más imágenes más conocidas de la revista “Street Life of London” es esta, titulada “The crawlers”, una expresión que en inglés refiere, más que a seres humanos, a insectos y animales que para trasladarse se arrastran.

La revista se llamó Street Life of London (La vida callejera de Londres), duró apenas un par de años (entre 1876 y 1877) y sus editores responsables fueron Adolphe Smith, periodista, y John Thomson, fotógrafo. De los dos, el que más trascendió con sus trabajos fue Thomson, no sólo porque sus varios oficios –era también geógrafo y un viajero apasionado– lo habían llevado a registrar en imágenes rincones de la Tierra que hasta ese momento tenían más de mito que de realidad, como el Lejano Oriente, sino también porque –paradójicamente– el trabajo social desarrollado con Smith hizo que la mismísima reina Victoria lo convocara, en 1881, como fotógrafo oficial de la Familia Real Británica y que, a partir de entonces, sus retratos de la clase alta inglesa instalara definitivamente su nombre en la historia grande de la fotografía local.
Pero es evidente que la mezcla explosiva Thomson + Smith, una de esas combinaciones inusuales en las que el todo es mucho más que la suma de las partes, constituyó la etapa más rica en la larga carrera del fotógrafo. Tanto fue así, que un año después de desaparecida la revista vio la luz un libro que llevó exactamente el mismo título, Street Life of London, y que hoy es considerado uno de los pilares de la fotografía inglesa del siglo XIX, a la vez que la obra que dejó testimonio de los precursores del fotoperiodismo a nivel mundial.

LOS “REPTILES”
La palabra crawler no significa literalmente reptil, pero remite a ellos. Y fue el capítulo titulado justamente The crawlers e ilustrado con la foto que acompaña este post el que permitió a Adolphe Smith explayarse con una dureza increíble sobre lo que por entonces, en la capital de la Inglaterra victoriana, era bastante común encontrar en las calles.
“Acurrucados juntos en los escalones del conventillo de Short’s Gardens, esos restos de humanidad, los Reptiles de St. Giles, pueden ser vistos tanto de día como de noche buscando calor mutuo y consuelo mutuo en su extrema miseria –comienza el texto de Smith en ese capítulo–. Por regla general, son ancianas reducidas por el vicio y la pobreza hasta tal grado de desgracia que les ha sido destruida incluso la energía para mendigar. No tienen siquiera fuerzas para luchar por un trozo de pan, y prefieren la inanición antes que la actividad que un mendigo habitualmente despliega. Como consecuencia natural, no logran obtener dinero ni para alojamiento ni para alimentos. La única pequeña caridad que reciben proviene con frecuencia de los niveles sociales más bajos. Mendigan de los mendigos, y los mendigos más fuertes y prósperos son a su turno invitados a dar algo a quienes son considerados sus inferiores en la ‘profesión’. Pan duro, saquitos de té usados, y en los días de gala, un hueso mugriento cubierto de cartílago son los componentes principales de su dieta. Una jarra rota, o una tetera sin pico ni asa, constituye su vajilla doméstica”.
Apabullante.

Temas: Periodismo, Política, Historia, Sociedad, Fotografía, Literatura |


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