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La cámara de fotos más grande de la historia

Jueves, Marzo 13, 2008

Con 400 kilos de peso, fue construida en 1900 para un folleto publicitario cuyo títular era “La foto más grande del mundo del tren más atractivo del mundo”


El emprendedor George R. Lawrence –fotógrafo profesional e inventor de pura cepa–aparece aquí junto a su insólita creación, de sombrero y traje oscuro, de pie junto al gigantesco lente blanco y con la descomunal tapa del lente bajo el brazo, tomando su histórica fotografía.

George R. Lawrence había llegado a Chicago hacía diez años y llevaba siete al frente de su próspero negocio de fotografía cuando un empleado de la compañía Chicago & Alton Railway le hizo una pregunta que a cualquier otro profesional del ramo le hubiera provocado una ligera elevación de costado en la comisura del labio superior, un gesto de estupefacción combinado con un toque de sorna y un diplomático “No, gracias” como elegante conclusión.
¿Sería capaz de construir una cámara de fotos lo suficientemente grande como para fotografiar completo el nuevo Alton Limited, el tren estrella de la empresa, y luego no sólo poder utilizar la imagen para ilustrar un folleto publicitario sino, sobre todas las cosas, imprimir varias copias de la imagen a más de 2 metros de ancho para enviarlas a la Exposición Universal de París de ese año y lograr de ese modo impactar como nadie lo había hecho hasta ese momento?
Tal fue la consulta del empleado de la C&A, y su sorpresa y su agrado no fueron menores cuando el interrogado Lawrence lo observó apaciblemente por sobre su bigote imperturbable y le respondió con un casi cotidiano: “Cómo no, maestro, déme un par de meses y hacemos clic”.
No por nada el eslogan de su pequeño negocio era “The hitherto impossible in photography is our specialty” (Nuestra especialidad en fotografía es lo que hasta hoy se consideraba imposible).

RÉCORD MUNDIAL
El desafío era algo así: poco menos que imposible. Se trataba de romper, en una sola construcción, varios records mundiales a la vez. Para empezar, el precio. La Chicago & Alton Railway le insistió a Lawrence en que no pondría límite algunos a los gastos que fueran necesarios: el trabajo le costó a la empresa la friolera de 5.000 dólares, que hoy apenas si alcanzarían para comprar un automóvil usado, pero ciento ocho años atrás eran suficientes para adquirir una casa de buen tamaño.
Eran tiempos, además, en que las inversiones publicitarias no habían ni remotamente alcanzado los niveles estratosféricos del siglo XXI.
Por otro lado, ni en Chicago ni en ningún otro lugar de los Estados Unidos ni del mundo había quien construyera en serie un aparato tan descomunal como el que la foto pedida requería.
Finalmente, apenas dos meses y medio después de recibido el “brief”, don Lawrence llamó a su cliente y le mostró su flamante construcción: una cámara de 408 kilos de peso, que cuando recibía la placa a ser impresa (que no por nada medía 2,5 por 1,2 metros), sumaba un peso total de 635 kilos. La cámara se encontraba en los talleres que acababan de terminar su fabricación, la constructora de instrumentos fotográficos J. A. Anderson, e hicieron falta quince hombres fornidos para cargarla sobre la parte trasera del coche de caballos que George Lawrence había contratado para trasladarla.
Lenta y trabajosamente, la cámara fue llevada a la estación de la empresa C&A y, una vez allí, montada sobre un vagón de carga en el que se la llevó al parque Brighton, a unos diez kilómetros del centro de la ciudad. Allí, los quince hombres fornidos pusieron manos a la obra una vez más y depositaron la cámara sobre un soporte a campo abierto, apuntando estratégicamente hacia el punto por el que, en pocos instantes, apareció el admirado Alton Limited dispuesto a la sesión de fotos más… gigantesca de la historia.

UN SOLO CLIC
Pese a todos los recaudos tomados, al hecho notable de que el objetivo de la cámara estaba equipado con un juego de descomunales lentes Zeiss fabricados especialmente por la Bausch and Lomb Optical Company de Rochester (Nueva York) y pese a que sus dispositivos podían ser limpiados no con una pequeña franela sino con un operario que se introducía de cuerpo completo en la cámara misma, tenía un pequeño detalle que la hacían más frágil, vulnerable e imprevisible que las cámaras corrientes: Lawrence había logrado construir una sola placa de 2,5 por 1,2 metros, y por lo tanto podía darse el lujo de hacer únicamente una toma del tren. Un solo clic debía imprimir perfectamente el enorme convoy y dar con la luz y las proporciones justas para satisfacer al exigente cliente.
Afortunadamente para el arriesgado fotógrafo, el equipo de operarios que había contratado para la ciclópea tarea era el mejor y más experimentado que podía conseguirse: así, bastó el famoso único clic para que el trabajo quedara perfectamente realizado, el cliente loco de contento y el pabellón estadounidense de la Exposición Universal de París de 1900, engalanado con tres apabullantes copias de la foto de uno de los trenes más lujosos del mundo, reproducida también en pequeños folletos publicitarios que anunciaban The Largest Photograph in the World of the Handsomest train in the World (La fotografía más grande del mundo del tren más atractivo del mundo).
El éxito de la imagen fue directamente proporcional al tamaño de la lente con que había sido tomada. Aunque en Francia no creyeron del todo en la historia, pues nadie había oído hablar jamás de una cámara fotográfica de un tamaño tan absurdo. Todo quedó aclarado cuando el cónsul francés en Nueva York viajó especialmente a Chicago para verificar la existencia de la cámara y observarla en funcionamiento. Su informe positivo fue el puntapié que tanto fotógrafo como cliente esperaban: al término de la Exposición Universal, George R. Lawrence recibió el Gran Premio Mundial a la Excelencia Fotográfica, y la Chicago & Alton Railway Company pasó instantáneamente a ser la compañía de ferrocarriles más admirada del mundo.
Y todo gracias a un solo y único clic.

Temas: Marketing, Publicidad, Historia, Fotografía |


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