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Judíos, coreanos, paraguayos, peruanos… ¡y menonitas!

Lunes, Marzo 10, 2008

En el barrio porteño del Once, pintado magistralmente por Agulla y Baccetti en “Mosca y Smith”, los extremos se tocan: la foto y el video dan prueba de ello

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A la izquierda, tres menonitas con aspecto de recién llegados a la ciudad, mirando una vidriera en la esquina de Rivadavia y Misiones; a la derecha, la apertura de “Mosca y Smith en el Once”, que incluye la canción de presentación de la serie, interpretada por Ramiro Agulla. (Foto: Pancho Dondo. Video: gentileza de la agencia El Cielo).

Los contrastes de cualquier ciudad son infinitos. Tantos, que de ningún modo podrían resumirse las mil y un pinturas posibles de sus habitantes en un par de caras opuestas, casi como si fueran un lado A y un lado B de la misma realidad. De ningún modo: hasta en el caserío más insignificante escondido detrás de una lomada es posible detectar desde un lado A hasta un lado Z, pasando no sólo por todas las letras del abecedario, sino también por todos los colores del arco iris, por todos los calibres de las armas de fuego, por todos los talles de la línea de ropa más extensa y por todas las obsesiones de todos los personajes de Woody Allen sumados (quizás esto ya sea demasiado).
Pero pocos rincones del hemisferio occidental ostentan la variedad de contrastes del barrio de Balvanera, en la ciudad de Buenos Aires. También llamado el Once, porque su corazón es la estación 11 de Septiembre del viejo ferrocarril Sarmiento, sirvió de escenario para la última incursión televisiva de los publicitarios argentinos Ramiro Agulla y Carlos Baccetti: Mosca y Smith en el Once, con dirección de Diego Kaplan, fue una mezcla sudamericana retro de la vieja serie Starsky y Hutch con la película española Torrente, el brazo tonto de la ley, de Santiago Segura. La apertura de sus dieciséis capítulos, emitidos entre 2004 y 2005, incluía una canción entonada por el mismo Ramiro Agulla, que rápidamente se convirtió en un éxito musical y que puede oírse en el video de arriba.

VALOR Y PRECIO I
El primer capítulo, titulado Asesinato en el cine porno, comenzaba con uno de los personajes secundarios –ni el Melchor Mosca de Fabián Vena ni el Carlos Smith de Pablo Rago– haciendo en off una descripción precisa y detallada del espíritu del vecindario: “Barrio del Once. Mas de doscientas manzanas atestadas de mercadería y furia. De un lado de la avenida Corrientes, los judíos; del otro, los coreanos; en el medio, los intereses cruzados de bolivianos, peruanos, chilenos, paraguayos y hasta jamaiquinos. Esto, en los comienzos, era un matadero, todo bosta de caballo, bosta de vaca, bosta de cerdo, barro y sangre. Acá, en la época de las invasiones inglesas, peleó Liniers. ¿Y saben qué pasó? Perdió. Sí, perdió: los ingleses masacraron a los patriotas. En el Once nadie conoce el valor de las cosas. Sólo el precio. Dicen que al Once se viene a comprar barato, y es cierto: lo único que se paga caro es la inocencia”.
Vale la pena insistir: una cosa es el valor de las cosas y otra, su precio. Por lo tanto, ¿qué tienen que hacer en el Once tres menonitas?

VALOR Y PRECIO II
El miércoles 20 de febrero pasado, a las dos de la tarde, este blogger se topó con la escena que ilustra este post y rápidamente disparó su cámara: ¿menonitas en el Once? ¡El único pueblo que escapó al perfecto registro de Agulla y Baccetti!
Descendientes directos del movimiento anabaptista del siglo XVI, siguen las enseñanzas de Menno Simons (1496-1561), un sacerdote católico nacido en la actual Holanda que en 1536 rompió con la iglesia católica y se unió a los anabaptistas pacifistas. En América del Norte comenzaron a formarse colonias menonitas en el siglo XVII, y entre fines del XIX y comienzos del XX muchos se instalaron en diferentes rincones de América latina: México, Paraguay, Uruguay, Brasil y Argentina.
En este último país, más concretamente en la provincia de La Pampa (cerca de Guatraché), existe una gran colonia agrícola de menonitas que se comunican entre sí en alemán, conservan tradiciones centenarias y viven un estilo de vida sencillo, sin automóviles, electricidad ni otros progresos de la vida moderna. Para ellos, el único modo de mantener y expresar su entendimiento de la fe cristiana es mantenerse apartados del mundo y sus tentaciones.
Por eso, ¿qué hacían tres menonitas en Rivadavia y Misiones el miércoles 20 de febrero a las dos de la tarde?
Un caso para Mosca y Smith, dondequiera que estén.

Temas: Televisión, Religión, Política, Sociedad, Asociaciones libres |


Un comentario sobre “Judíos, coreanos, paraguayos, peruanos… ¡y menonitas!”

  1. Florencia Lagos dice:
    Lunes, Marzo 10, 2008 a las 17:29

    Me impresionan el coraje y la locura de ambos personajes.

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