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Blanco y negro, parto y asesinato, calesita y locura

Lunes, Marzo 3, 2008

Cumple 25 años el tema de Fito Páez “Un loco en la calesita”, a quien “un ángel (…) le sacó los ojos y con su sangre se pintó los labios y cortó sus piernas y se las comió”

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A la izquierda, Fito en tiempos de “Un loco en la calesita”, cuando todavía no había arrancado con su carrera solista y secundaba a Juan Carlos Baglietto; a la derecha, una edición actual de la canción interpretada en 1983 justamente por Baglietto, con el contraste incesante de una calesita de plaza y una pequeña sorpresa al final. Video: Pancho Dondo.

Muchísimo se ha escrito sobre Rodolfo Páez Ávalos, más conocido como Fito Páez, desde que en 1984 editara su primer disco –de vinilo, en esos tiempos–, Del 63. Un poco menos, aunque también bastante, sobre el camino que el artista rosarino recorrió hasta ese debut solista. Primero, como hijo de Margarita Zulema Ávalos (pianista concertista, profesora de aritmética y álgebra, muerta de cáncer cuando Fito tenía ocho meses de vida) y de Zenón Depaz (filosofo). Luego, como joven integrante de algunas fugaces bandas que en la Chicago argentina de fines de los 70 todavía escandalizaban con su pelo largo y sus letras excesivamente crudas. Más tarde, como líder y compositor de Staff, una banda con la que obtuvo el primer premio en un concurso de música progresiva en cuyo jurado estaba Juan Carlos Baglietto. Y poco después, como tecladista del grupo que acompañó a Baglietto en el gran éxito nacional que significó su primer disco, Tiempos difíciles, seguido del menos percibido pero de igual calidad Actuar para vivir, los dos de 1982.
Al año siguiente, además de comenzar a soñar con su debut solista y de ver postergado ese sueño por el inesperado honor de reemplazar a Andrés Calamaro en la banda del ídolo de su adolescencia Charly García (con él realizaría la gira de Clics modernos y grabaría Piano bar), Fito cerró su colaboración artística con Juan Carlos Baglietto en un disco de altísima factura musical y particular oscuridad en el tono de la mayoría de sus temas. Se llamó simplemente Baglietto y en él figuraron, entre otras, canciones de una tristeza tan inconmensurable como la Carta de un león a otro de Chico Novarro (la deprimente misiva de un león de zoológico a uno de circo) y El gigante de ojos azules de Nazim Hikmet y Dina Rot (la breve historia de un gigante que debe aceptar que la mujer pequeña de la que él estaba enamorado se case con un enano rico y no con él).

UN LOCO EN LA CALESITA
Pero si de historias tristes se trata, pocas como la que el todavía jovencísimo Fito –acababa de cumplir los veinte años– imaginó para su loco de la calesita.
De la locura de un amor al odio destilado en su guitarra eléctrica, del sueño de viajar a California a la autoagresión, de probar algunas pastillas a la caída en las drogas duras, de treparse desnudo a una calesita de plaza a cambiar la guitarra por una moto, de vivir de su abuela a terminar preso en Brasil, de andar fugitivo quién sabe dónde a terminar como se anunciaba en el comienzo de esta nota: “Dicen que un ángel lo atrapó en el baño, lo crucificó y le sacó los ojos, y con su sangre se pintó los labios y cortó sus piernas y se las comió”.
Patético y terrible final para haber surgido de la cabeza de quien por entonces ya se distinguía de los demás autores de la llamada Trova Rosarina –Jorge Fandermole, Adrián Abonizio, Rubén Goldín, Lalo de los Santos y varios más– por su poética lucidez mezclada con un descarnado cinismo. “Y Dios es una máquina de humo”, repetía una y otra vez Fito Páez, en la voz de Baglietto, describiendo a su loco de la calesita.
A continuación, la letra completa, para poder leerla como historia una vez visto y escuchado el video de arriba:

Un romance de estación le hizo perder la cabeza.
Se fue al baño y se fumó y empezó a sonar la orquesta:
un, dos tres va y bien, tocaba y se olvidaba de todo.
Un, dos tres va y bien, la Fender le chorreaba de odio.

El quería conocer eso de irse a California.
Trabajaba en un taller de mecánica en La Boca.
Él se apresuró y se arrancó de a uno los dientes,
y se salvó por ser de clase 57.

Nunca tuvo un buen hogar, no fue padre ni buen hijo.
Nunca conoció a Gardel, sólo a Hendrix y a Tanguito.
Se empezó a cansar y así probó algunas pastillas.
Se volvió a cansar y no paró hasta ver la heroína.

Han visto un loco en una calesita, casi desnudo y con la vista enferma.
Y daba vueltas y se sonreía, y silbaba bajo por no molestar.
Y Dios es una máquina de humo.

Cambió la Fender por una Suzuki, se fue a Brasil con plata de su abuela.
Y estuvo preso por robar un auto, y llegó a Geraes y se pegó el tren.
Y Dios es una máquina de humo. Y Dios es una máquina.

Nadie mas lo volvió a ver: se sospecha que anda suelto
disfrazado de faisán o gendarme en algún puerto.
un, dos tres va y bien, tocaba y se olvidaba de todo.
Un, dos tres va y bien, la Fender le chorreaba de odio.

Han visto un loco en una calesita, casi desnudo y con la vista enferma.
Y daba vueltas y se sonreía, y silbaba bajo por no molestar.
Y Dios es una máquina de humo.

Dicen que un ángel lo atrapó en el baño, lo crucificó y le sacó los ojos,
y con su sangre se pintó los labios y cortó sus piernas y se las comió.
Y Dios es una máquina de humo.

Temas: Segundas lecturas, Música |


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