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Construcción, destrucción y reconstrucción: el arte efímero

Martes, Febrero 19, 2008

Un cuarto de siglo después de su instalación en la avenida 9 de Julio de Buenos Aires, el increíble Partenón de libros de Marta Minujín es admirado en Nueva York



Un Partenón de tamaño natural formado por 30.000 libros prohibidos durante el Proceso Militar se expuso en 1983 durante tres semanas; al terminar, una tercera parte de los libros fue donada a bibliotecas y el resto, retirado por la gente. (Fotos: publicadas en estos días por The New York Times y ADN Cultura luego de ser cedidas por la propia Marta Minujín).

El lugar, la esquina de las avenidas 9 de Julio y Santa Fe, en pleno corazón de Buenos Aires. El motivo, el final de la dictadura militar y el comienzo de la tan esperada democracia. El momento, diciembre de 1983, unas cinco semanas después de las elecciones en las que Raúl Alfonsín había sido electo presidente y en el mismo mes en que el caudillo radical asumía su flamante cargo. La autora, la reina del arte pop argentino, nacida en 1943 en el barrio porteño de San Telmo, protegida por el gurú Jorge Romero Brest desde comienzos de la década del 60 y habitual “escandalizadora” de los círculos sociales y artísticos más conservadores. (Como muestra, va un botón: luego de terminar el período en que, becada por la embajada de Francia en 1960 y 1962, Marta Minujín tuvo su atelier en París, no tuvo mejor idea que concebir una última obra, a la que bautizó La destrucción, que consistió literalmente en destruir toda su producción artística del período parisino; una iniciativa que, dicho sea de paso, colocó su nombre en el centro de los principales circuitos artísticos europeos).
Se llamó El Partenón de Libros / Homenaje a la Democracia.

CONSTRUCCIÓN, DESTRUCCIÓN Y RECONSTRUCCIÓN
La Argentina venía de atravesar el período más oscuro de su historia. Durante siete años, una de las muchísimas actividades que el gobierno había intentado controlar hasta en los últimos rincones del país había sido –fósforos mediante– el simple acto de leer e informarse. Hasta El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, había integrado las listas de libros prohibidos.
En medio de la euforia general provocada por las elecciones del 30 de octubre y la inminente asunción del nuevo presidente el 10 de diciembre, la artista Marta Minujín y un grupo de colaboradores dedicaron 17 días a construir un modelo a escala natural del Partenón griego. Por dentro, la estructura de 12 metros de alto, 17 de ancho y 35 de largo era toda de metal; por fuera, 30.000 libros envueltos prolijamente en bolsas de plástico le daban un aspecto surreal.
“Fue única en el mundo; un milagro haberla hecho –señaló alguna vez su autora–. Lo hice para celebrar la llegada de la democracia. Estaba hecho con libros que habían sido prohibidos durante la dictadura militar, y que habían permanecido ocultos en los sótanos de las editoriales. Conseguí auspicios para hacerlo porque la gente estaba entusiasmada, alborozada por el retorno a la democracia. En la Secretaría de Cultura en ese momento estaba Pacho O’Donnell, quien autorizó el proyecto y me ayudó con los carteles de publicidad en la vía pública. En su momento, esta obra me dio popularidad mundial, porque justo en aquella época en la Argentina había muchos periodistas de varios países, que habían venido para cubrir la asunción de Alfonsín. El Partenón… fue una verdadera maravilla, algo inédito en el mundo”.

EL ARTE EFÍMERO
En su página web www.martaminujin.com, la artista define al arte efímero como “una expresión plástica de carácter breve y fugaz; arte para las masas que es de corta duración; arte fungible que desaparece o se consume delante del espectador; esta forma de arte se convierte en una manera de incorporar el mito, y la obra, al individuo, pasando de pasivo observador a ser activo participante, consumidor, como elemento conceptual de incorporar no solamente el arte, sino toda su carga simbólica y cultural”.
En la última parte de esa definición reside el gran secreto de lo logrado por Marta Minujín hace casi veinticinco años con su Partenón de Libros. Porque los espectadores asombrados de la obra, luego de las tres semanas de exposición, pasaron de observadores pasivos a participantes activos, a consumidores: recibieron el permiso para desmantelar la obra, se llevaron 21.000 libros (los otros 9.000 fueron donados a bibliotecas) y, de ese modo, dieron reinicio al ciclo que titula esta nota, el de la construcción - destrucción - reconstrucción.
La esencia misma del arte efímero… que de efímero, en realidad, no tiene nada.

PD: Según explica la periodista de The New York Times Roberta Smith en la nota Política y concepto, que republicó el sábado pasado el suplemento ADN Cultura del diario argentino La Nación, la historia y las imágenes del Partenón de Libros de Marta Minujín forman parte en estos momentos de la muestra “Arte no es vida. Actions by Artists of the Americas 1960-2000”, que se expone en El Museo del Barrio, 1230 Fifth Avenue, en el East Harlem neoyorquino. La muestra fue montada por Deborah Cullen y estará abierta hasta el 18 de mayo. Para más información, teléfono (212) 831-7272 y página web www.elmuseo.org.

Temas: Política, Sociedad, Instalaciones, Escultura, Literatura |


2 comentarios sobre “Construcción, destrucción y reconstrucción: el arte efímero”

  1. Manso Posh dice:
    Viernes, Febrero 22, 2008 a las 17:20

    el titulo me llevó automaticamente a pensar en Tropico de Cáncer, un tema de Café Tacuba que detallo a continuación.

    Como es que te vas salvador de la compania,
    si todavia hay mucho verdor.
    Si el progreso es nuestro oficio
    y aun queda por ahi mucho indio
    que no sabe lo que es vivir
    en una ciudad, como la gente.
    Que no ves que eres un puente
    entre el salvajisimo y el modernismo,
    Salvador el ingeniero, salvador de la humanidad.
    Esta muy bien lo que tu piensas pero,
    por que no te acuerdas que la nuestra
    es una civilizacion muy avanzada,
    como dice la gente.
    Que no ves que nuestra mente
    no debe tomar en cuenta a ecologistas indigenistas,
    retrogradistas ni humanistas.
    Ay mis Ingenieros Civiles y Asociados,
    no crean que no me duele irme de su lado,
    pero es que yo pienso que llegado el tiempo
    de darle lugar a los espacios sin cemento.
    Por eso yo ya me voy, no quiero tener nada que ver
    con esa fea relacion de accion,
    construccion-destruccion.
    Ay mis companeros Petroleros Mexicanos
    no crean que no extraño
    el olor a óleo puro
    pero es que yo pienso
    que nosotros los humanos,
    no necesitamos mas hidrocarburos.
    (Y los sobrevivientes de San Juan Ixhuatepec
    cantaban tu turu turu turu uh)

  2. Dali dice:
    Martes, Septiembre 16, 2008 a las 14:38

    eza rOlaa d Qafe Tacvbaa ez lo maximO!!*

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