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El vasco que se cagaba “hasta en Nueva York”
Lunes, Enero 28, 2008Hace 15 años se suicidaba en Buenos Aires Mezo Bigarrena, amigo de Joaquín Sabina, Sid Vicious y Chico Buarque, hoy olvidado por la mayoría
A la izquierda, Mezo en sus años porteños, inmortalizado por la cámara de la inquieta Hilda Lizarazu; a la derecha, Juan Carlos Baglietto en el Luna Park, dejando testimonio de una excelente versión –con arreglos y acompañamiento de Lito Vitale– de uno de los grandes temas de Mezo, “En este barrio”. En él, Bigarrena escribió: “En este barrio también está el que se caga en todo y hasta en Nueva York. No sigue el dólar y claro lo ve, que ese Norte no es la solución”. El cantante rosarino también grabó, de Mezo, “La rosa fantasma” (lúcida y caliente canción sobre el virus del sida) y “Adoquines en tu cielo, Rosario” (uno de los mejores himnos que se le han hecho a esa ciudad).
Video vía Ricardo Morino.
Cualquiera que, antes de leer estas líneas, haya puesto PLAY en el video de Juan Carlos Baglietto de la derecha se habrá quedado impactado con las palabras de cierre de la canción, que obviamente es de Mezo Bigarrena: “No sé si yo me quedo o si me iré, ya me cansé de mi barrio y mi casa”. Por supuesto, tomado en un sentido literal el asunto no impacta demasiado. Sobre todo sabiendo que se trata de un vasco que en los años 70 había abandonado su Vizcaya natal para instalarse en Londres y que, de allí, por amor, había terminado en Buenos Aires a mediados de los 80, para morir en 1993. Pero si se tiene en cuenta que el amigo Mezo terminó sus días por decisión propia y que la canción, titulada En este barrio, se editó apenas tres años antes de esa decisión, oírla provoca casi escalofríos.
MEZO
Nacido el 22 de julio de 1951 en el pueblo vasco de Algorta, en la provincia de Vizcaya, José Luis Mezo Ugarte fue un poeta, un buscavidas, un políglota, un seductor, un vicioso, un músico con todas las letras, un peleador, un depresivo. Y, finalmente, un suicida.
¿Cómo penetrar en su misterio eterno? ¿Cómo entender las razones de un tipo que en sus últimos años vivió paranoico temiendo que la policía siguiera sus rastros de dealer en la Londres de los años 70, cuando compartió una casa tomada con Sid Vicious? ¿Cómo descifrar la búsqueda que lo llevó a reencontrarse con esa Latinoamérica en la que había pasado su infancia –en Venezuela, de los tres a los trece años–, cuando a comienzos de los 80 pasó varias temporadas entre Venezuela y Brasil, trabajando de periodista en un diario dirigido por Tomás Eloy Martínez en Caracas y descubriendo su veta musical junto a Chico Buarque en Río? ¿Cómo no comprender que en 1985 haya terminado en Buenos Aires siguiendo a Patricia Somoza, la argentina de la que se había enamorado en una playa carioca?
El derrotero de este vasco que en esos últimos ocho años de su vida llegó a convertirse en un músico de culto en la Argentina está excelentemente resumido en la nota Vasco viejo, que la periodista Ina Godoy publicó en el suplemento Radar del diario Página 12 el domingo 21 de septiembre de 2003.
Y si las ganas de lector continúan, los dos únicos discos que editó Mezo en su vida, Viaje de vida (grabado en 1986 y publicado en 1990 por EMI) y Avión (grabado en 1992 y publicado, de manera póstuma, en 1993 por Sony) pueden bajarse de la excelente página de servicios musicales para viejos fanáticos del rock argentino que es La Cofradía de Incunables, donde sólo se suben las obras que no están oficialmente digitalizadas.
Como las dos de Mezo, el querible vasco que, en la madrugada del 22 de enero de 1993, fue encontrado colgado de un árbol en los bosques de Palermo.
FLORES EN SU ENTIERRO
Un día en que el periodista Víctor Pintos estaba entrevistándolo para Página 12, Joaquín Sabina se enteró por boca de su entrevistador del triste fin del Vasquito. El cantautor español no pudo seguir el reportaje, se fue a su hotel y, al día siguiente, cuando se reencontraron para seguir la nota, le mostró a Pintos lo que luego sería una de las canciones del disco Enemigos íntimos, de Sabina y Fito Páez. La canción se llamó Flores en su entierro y decía así:
Un domingo sin fútbol nos contó, / vencido, que tiraba la toalla / y nadie le creyó.
Pero, esta vez, no iba de farol; / al día siguiente se afanó una cuerda
y, en lugar de rezar una oración, / mandó al mundo a la mierda / y de un “palo borracho” se colgó.
Debía luca y media de alquiler, / dejó en herencia un verso de Neruda,
un tazón con pestañas de papel / flotando en el café / y una guitarra tísica y viuda.
Lo poco que tenía lo invirtió / en un hueso de lujo para el perro
y en pagar al contado la mejor / corona que encontró / para que hubiera flores en su entierro.
Veinte años atrás lo conocí / en Londres, conspirando contra Franco.
Era el rey del aceite de hachís / y le excitaba más robar un banco / que el mayo de París.
Por Florida lo vi la última vez, / con su traje anacrónico y marchito,
estudiando el menú de un cabaret, / “¡hay comida, mi plato favorito!” / gritó para joder.
Debía luca y media de alquiler, / dejó en herencia un verso de Neruda,
una lágrima de Líli Marlen / flotando en el café / y una guitarra tísica y viuda.
Lo poco que tenía lo invirtió / en un hueso de lujo para el perro
y en pagar al contado la mejor / corona que encontró / para que hubiera flores en su entierro.
Parece que fue ayer cuando se fue / al barrio que hay detrás de las estrellas,
la muerte, que es celosa y es mujer, / se encaprichó con él / y lo llevó a dormir siempre con ella.


















Lunes, Enero 28, 2008 a las 11:42
A la pucha, qué recuerdo… Yo conocía menos de la mitad de esta historia pero sé de memoria, y desde hace muchos años, la canción. La usé para musicalizar un programa que tuve en Radio Municipal en 1992. Es más, creo que por ahí debo tener el vinilo. Después vino la versión de Baglietto…
Lunes, Enero 28, 2008 a las 11:51
Será que somos unos viejos románticos, Eduardo. Yo también tengo el vinilo, que por supuesto sigo escuchando en su formato original (muy pocos de los discos que tengo existen en digital, y para qué abandonarlos si la bandeja sigue sonando bárbaro…). Y es más: conocí personalmente al Vasco una mañana en mis tiempos de estudiante de la Universidad del Cine, allá por 1991, cuando alguien me lo presentó. Pero me pareció demasiado personal e intrascendente como para incluirlo en la nota. Celebro tu reencuentro, en todo caso. Un abrazo. Pancho
Lunes, Febrero 11, 2008 a las 12:50
Felicitaciones por esta magnífica idea de Labo B, que demuestra que no sólo de publicidad viven los publicitarios (o al menos algunos). Y sobre todo por este homenaje al vasco, que a veces ni siquiera es recordado por quienes interpretan sus canciones, a excepción de Sabina y otros pocos.
Como no me gustan los reconocimientos post-mortem, me siento orgulloso de ser uno de los que compró el primer disco de Mezo cuando aún vivía, y luego completé mi colección con su CD, a pesar de la casi nula difusión que tuvieron en los medios.
Sin duda merece el recuerdo un músico que, siendo extranjero, fue capaz de describir la ciudad de Rosario mejor que muchos de sus artistas nativos, tal como hizo Luca con el Abasto.
En fin, gracias por la nota, que nos hace sentir un poco más acompañados a los que , aun sin conocerlo personalmente, todavía lo extrañamos.