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Un siglo después, vuelven las fotos de muertos
Viernes, Enero 11, 2008Seis ejemplos de recién fallecidos inmortalizados fotográficamente en el siglo XIX. Nótense que no todas las expresiones sugieren descanso en paz y que hay más de un par de ojos abiertos, incluso en esa imagen increíble –la segunda– cuya anotación al margen indica “tomada 9 días después de la muerte” (todas las fotos pueden ampliarse).
La organización se llama Now I Lay Me Down To Sleep (algo así como Ahora Me Dispongo A Dormir), y es una organización sin fines de lucro que comenzó a funcionar hace poco menos de tres años en los Estados Unidos. Hoy, NILMDTS (con esta sigla se presenta habitualmente) administra en nueve países una red de 3.000 fotógrafos voluntarios que se acercan a las clínicas y maternidades cada vez que un recién nacido muere y le ofrecen a la familia conservar el recuerdo de su hijo fallecido en una fotografía.
A la izquierda, una pequeña fotografiada muerta hace más de cien años; a la derecha, el pequeño Ronan, fallecido a los cinco meses de edad a causa de un desorden metabólico. No es necesario remarcar las diferencias en el tratamiento del cuerpo y, por lo tanto, de la imagen: la crudeza parece cosa del pasado.
En la página oficial de la organización, y a partir de un eslogan que indica There is no foot too small that it cannot leave an imprint on this world (No existe un pie tan pequeño como para no dejar una huella en este mundo), NILMDTS ofrece no sólo muchas de las cuidadas imágenes registradas (como las de aquí abajo), sino también testimonios directos de padres que perdieron a sus hijos y agradecen las gestiones de la entidad.
¿Por qué durante tantos años se abandonó una práctica que, a juzgar por la naturalidad con que familias completas posaban ante el fotógrafo a fines del siglo XIX, parecía socialmente tan impuesta y aceptada? (Pueden verse más imágenes como las incluidas aquí en este link). Nada de supersticiones o creencias en almas robadas por la cámara. La respuesta es simple: de pronto se pensó que retratar a personas recién muertas no sólo era una cuestión de mal gusto, sino que incluso rozaba lo macabro.
Ahora, después de décadas políticamente correctas y temáticamente vacías en este sentido, finalmente los fotógrafos parecen haber empezado a atreverse a romper ciertos límites. Entre ellos, la más admirada de su profesión en los Estados Unidos, Annie Leibovitz, que el 29 de diciembre de 2004, al día siguiente de la muerte de la ensayista, novelista y activista femenina Susan Sontag –a quien la unía una relación sentimental que llevaba más de una década–, documentó su cuerpo en varias fotos que luego armó del modo en que se aprecia aquí abajo.

Susan Sontag al día siguiente de morir, según Annie Leibovitz.
Temas: Historia, Fotografía |


























Viernes, Enero 18, 2008 a las 8:37
Pancho, felicitaciones. Una nota increíble. Estudio Crítica de Arte y me especializo en fotografía, realmente esto es un hallazgo.
Saludos y gracias, Melina
Viernes, Enero 18, 2008 a las 8:47
Melina: me dejás sin palabras. Con lectores de tanto nivel va a resultar mucho más fácil que Adlatina Lado B termine aportando algo a este mundo tan inasible y volátil de la inspiración, la búsqueda conceptual, la experimentación y el riesgo creativo. Mil gracias. Pancho.
Sábado, Junio 14, 2008 a las 16:20
Me dejas sin palabras, es tan duro ver esto, pero bueno, es algo natural.
Miércoles, Julio 23, 2008 a las 5:00
Romper ciertos límites, en realidad nadie creó aquellos límites, a todos les da temor ver o acercarse a un difunto extraño para su familia pero el efecto contrario sucede cuando se trata de la nuestra, de todos modos el cierto desagrado es debido a que son imagenes que nos recuerdan lo fragil que es nuestra vida y que ni el arte ni los sentimientos entrañables nos hacen olvidar el temor de morir porque aquello no es natural como afirman, porque algo sea inexorable no tiene porque ser agradable o natural, aun asi respeto su trabajo y no comparto sus ideas…
Viernes, Julio 25, 2008 a las 20:55
Ufff, Pancho, me quedé seco, increíble que 100 años después se haya retomado la idea.
Si a alguien le gusta el cómic, recomiendo “The Big Book of Death” (Vertigo-Paradox Press), hay algo de esto también.