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Yves Klein, el artista genial que murió de incomprensión
Jueves, Noviembre 15, 2007
A la izquierda, dos performances en una: Yves Klein y sus antropometrías de 1960, pintando mujeres desnudas con su azul IKB y estampando fuego sobre un lienzo marcado por el cuerpo de otras mujeres (importante: el video no tiene sonido); a la derecha, la inclusión de la antropometría -en un registro de otro día- en la película Mondo Cane, el disgusto que le causó la muerte.
Había nacido el 28 de abril de 1928 en Niza, Francia, hijo de dos pintores, y desde joven irrumpió en la escena del arte de posguerra como una figura fundamental. Hoy, mientras algunos críticos lo clasifican como neo-dadaísta, otros prefieren considerarlo uno de los más enigmáticos posmodernistas.
Lo que estuvo claro desde un comienzo, o al menos él siempre lo sostuvo y lo demostró con hechos, fue que era un amante de los únicos tonos: a los 19 años ya había compuesto su primera Sinfonía Monocorde, y a los 28 exhibió en solitario, en dos galerías de París, sus pinturas monocromáticas. Y no se trataba de cualquier único color: había patentado un color de su invención, al que llamó International Klein Blue (IKB, que llevado a RGB equivale a 0 de Red, 47 de Green y 167 de Blue) y con el que había estado pintando toda clase de objetos: mapas en relieve, reproducciones de la Venus alada de Samotracia, figuras de tamaño natural y hasta piscinas llenas de pigmento azul IKB. Inclusive les había pedido a Eisenhower y Kruschev, presidentes de los Estados Unidos y la Unión Soviética respectivamente, su apoyo para lo que el artista llamaba La revolución azul.
El boom
Un día de 1958, con apenas 30 años, se le ocurrió lo que lo convertiría en un maestro reconocido en el orden internacional: ¿por qué no evitar los pinceles y elegir pintar directamente con cuerpos desnudos? Dicho y hecho: primero lo probó en su estudio y, dos años más tarde, convocó a un selecto auditorio a la inauguración de una muestra que ya se veía venir “especial”. Y vaya que lo fue: apenas el público se sentó, hizo ingresar a tres mujeres desnudas que se embadurnaron totalmente de azul IKB y estamparon sus cuerpos en un lienzo blanco. Mientras tanto, una pequeña orquesta interpretaba su Sinfonía Monótona.
En toda su evidente inocencia, Klein había permitido que el director de cine italiano Gualtiero Jacopetti acomodara una cámara en la sala y registrara todo en fílmico. Pero jamás imaginó que lo que Jacopetti estaba preparando era su documental Mondo Cane, que intentaba demostrar el deterioro y la depravación de la conducta humana en el siglo XX.
Dos años más tarde, cuando Mondo Cane se estrenó en el Festival de Cannes, Klein fue invitado especialmente. En la cúspide de su fama, asistió sin imaginar por un instante que allí, en la oscuridad de la sala, encontraría el prefacio de su propia muerte: fue tan profunda su decepción al descubrir el verdadero objetivo de la filmación de Jacopetti, que nunca se repuso del shock.
Murió de un ataque al corazón unas semanas después, el 6 de junio de 1962, con apenas 34 años.
Temas: Sociedad, Música, Cine, Pintura |










Lunes, Diciembre 17, 2007 a las 11:24
Los artistas estamos rodeados de destrucción. Todo lo nuevo trae viejas diferencias y con ellas viejos prejuicios que van alimentando nuevas y potenciales explosiones culturales.
Intentaré hacer presente lo que Klein no logró hacer en su momento.
Jueves, Enero 31, 2008 a las 13:52
Esa decepción, el engaño al que fue sometido y sobre todo a la fuerte exposición a que lo sometió el italiano “ese”. Qué persona tan horrible.